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La Casa Swinger. Segunda Parte

Anal

La Casa Swinger. Segunda Parte
La noche continuó en la Casa Swinger, Liliana se levantó y se dirigió al baño para asearse. Llamaba la atención que desnuda prácticamente, se paseara por los pasillos fuera de los cuartos oscuros. Todas las que acuden el club, normalmente se desnudan en los cuartos, pero fuera de ellos guardan un cierto recato. No era el caso de Liliana, le gustaba exhibirse, mostrar que está ahí para que la usen, dejar ver que es la puta de todos.

Una vez que salió del baño, Julio la tomó de la mano y la regresó al mismo cuarto oscuro. Varios singles, como machos alfa, los seguían, su excitación estaba exaltada al máximo, percibían el deseo que esa hembra esparcía por la casa. Julio se recostó en otro de los sillones, boca arriba, a lo largo del mismo, y Liliana se puso en cuatro sobre él, mostrando a los que la rodeaban su panocha húmeda. Con toda la intención, fue besando a Julio desde la boca, pasando por todo el pecho, el abdomen hasta llegar a su falo, que nuevamente volvía a la acción, como esta vez no estaba de rodillas ante él, sino en cuatro, prácticamente invitaba a que la penetraran. Uno de los singles con señas pidió permiso a Julio para entrar en acción, a lo que Julio accedió, preguntando y vigilando que usara protección. El single mostró el condón en la mano y se lo puso frente a él, mientras Liliana, sumisa y puta, esperaba sentir una verga en su vagina. El primer embate no se hizo esperar, no fue con delicadeza, por el contrario, la embestía con furia, como a ella le gustaba. Era tanto su placer que dejó de mamar y alzando la cara con gesto de placer sentía cómo iniciaba una sesión de gangbang. Los demás machos la rodearon, Liliana buscó con su mano derecha una polla que masturbar, era una gorda, de longitud normal, pero apetitosa para su gusto, no solo la empezó a jalar, sino que empezó a mamarla, mientras atrás se la seguían metiendo con un ritmo lento pero firme. En esas estaba cuando una mano tosca tomó su mano izquierda y la colocó en otro pito que buscaba sus caricias. Liliana no se opuso, y empezó a jalársela con la maestría que había aprendido desde niña, con su primo de veinticuatro años. Otras manos se acercaban a ella y la manoseaban, sus tetas eran exprimidas y mientras ella alternaba sus mamadas entre los dos penes que sostenía con cada mano, llegó uno más que puso su verga en medio de las manos, y tomándola de los cabellos la invitó a mamársela, ella volteó a verlo y sin ofrecer resistencia dejó que se la metieran en la boca, sin dejar de mirarlo se la empezó a chupar. El espectáculo que Julio contemplaba frente a él, o mejor dicho, sobre él, lo excitaba, su verga empezó a escupir semen, no podía controlar la eyaculación. Liliana poco podía hacer para acompañarlo, estaba totalmente atrapada por los machos. Cuando se corrió el primero de los que la penetró, se retiró dejando su lugar a un segundo que pacientemente esperaba jalándosela para mantener su verga parada y ya forrada con el condón, requisito indispensable en estos sitios para compartir sexo. Se la metió hasta el fondo, y Liliana sintió el cambio, interrumpió su mamada dejando escapar un gemido ahogado. El que recibía las mamadas volvió a tomar su cabeza por los cabellos y la puso a chupar nuevamente. Los que recibían las jaladas con las manos se fueron alternando, así como el que recibía las chupadas. Uno a uno fueron cambiando de lugar, ahora le tocaba jalada, ahora mamada y finalmente penetración. Liliana los atendía, era su puta, era su perra, se sometía a ellos, y su vagina era el templo de su placer. Nueve fueron los que, acompasados, en una acción perfectamente orquestada la tuvieron, y poco a poco se fueron retirando. Liliana sentía fuego por dentro, nunca en su vida la habían usado así. La experiencia que tenía era imborrable, y lo más hermoso para ella, iba a tener una compensación económica muy generosa, un pago que Julio le otorgaría.

La noche cedió su turno a la mad**gada. La casa swinger cerraba sus puertas. Liliana se vistió nuevamente y durmiendo en el auto, Julio la regresó a su casa, donde la esperaban sus hijos descansando en paz, con el sustento asegurado y Víctor, quien los cuidaba mientras ella se prostituía. Julio la dejó a la puerta de su casa y mientras se escuchaba el motor de su auto alejarse Liliana recibía de manos de Víctor la taza de café caliente, que tanto disfrutaba.

– ¿Cómo te fue amor?

– No vas a creer lo que hice – respondió Liliana, al tiempo que le daba un beso en la boca.

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